jueves, 26 de diciembre de 2019

Schopenhauer para niños.

                                                                      Catedrático                                                                                                                            (beodo)

          A ver, güeyes, ¿quién me describe el silencio? Ta cabrón, ¿edá? Tonces, cállensen y sientensen, como dijo el alemán… ¡hip! El chico de atrás, páseme al frente, pinche platicón. 

        Ora que meditaba yo sobre el origen de la filosofía, concluí que no derivó de la ciencia, como dicen. La filosofía deriva del desempleo. ¿Cómo iba yo a entregarme a estas reflexiones filosóficas sino estando cesado? El buen Diógenes de Sínope no andaba por las calles soltando vigas como teporocho por convicción filosófica. La neta era que lo habían corrido de cuanta chamba había tenido. Era tan güevón que cuando alguien le ofreció un chingo de varo, con tal de no levantar la mano pa´ recibirlo, mejor dijo: “lo aceptaré si me garantizas que viviré mañana para gastarlo”. ¿Y quién iba a atreverse a garantizar tal cosa con el estilo de vida que llevaba este cabrón? Tons, al día siguiente se despertó, se rascó las talegas y al ver que seguía vivito exclamó para sí: “¡Pendejo!”

         La filosofía, pues, la fundó el desocupado. Pero no es lo mismo no hallar jale que no querer hallarlo. Para esa bola de ociosos que fueron los filósofos de la antigua Grecia había tiempo de sobra para discutir por mamadas. Tenían la barriga llena pero no había redes sociales y se aburrían tanto que para pasar el rato ¡se ponían a leer! ¡Libros! Como resultado se pusieron a buscarle tres pies al gato y nos legaron circunloquios como “yo sólo sé que no sé nada”, cuya doble negación bien puede que sea un vicio gramatical o una traducción fiel, en cuyo caso la expresión es intencionalmente afirmativa y el autor de la misma insinuaba ser una reata omnisapiente. Mas históricamente se interpreta como “yo sólo sé que nada sé”, lo cual significa “si digo alguna pendejada no se me llamará pendejo sino sabio pues he reconocido de antemano que no sé una chingada”. Por ésta y otras aportaciones, nuestra civilización está en deuda con los pinches griegos. Gracias a sus pathos tenemos la demagogia, y gracias a la catarsis de sus tragedias hoy nos emocionamos con las telenovelas y nos da mucho pinche gusto cuando meten al tambo a la estúpida babosa de la villana, perra maldita, que le quemó el jacal a los abuelitos de la pobre María Escapulario. ¡Ojalá que se pudra ahí! Arquímedes dijo “denme un punto de apoyo y moveré al mundo”. Así, mi compadre el mantenido puede decir “denme un güey botón y no me moveré del puto sillón”. Total, que gracias a tales mentes brillantes podemos solazarnos con las pendejadas de youtube así como mandar mensajes de texto mientras manejamos un coche. Y a los pinches romanos debemos no sólo el asimilar y legarnos el saber griego, sino también su propia afición a los putazos y la sangre, de modo que hoy disfrutamos tanto el cine gore como algunos deportes de contacto.

          Pero volviendo a los griegos, se dice que, lejos de estar tan buenotes como sus esculturas de soldados o sus frescos de heteras, eran feos con “f” de “fundillo”. Pero eran tan visionarios que se retrataron como querían que los del futuro los viéranos. Así que eso aprendánsen esto: la historia es la idealización de los sucesos y sus actores. ¿Si no por qué hablaban así de? “o sea, nuestras flechas cubrirán el sol, papá”, “¿ah, sí?, pues pelearemos a la sombra, mi rey…” O sea… ¡No mamen! ¿Cómo unos pinches asesinos jediondos, hijos de la riata van a decirse de mariconadas antes de los madrazos? Si algo se dijeron habrá sido “te voy a romper los dientes”, y “entonces me pondrás El Chimuelo…”. Ni que los hubiera acogido bajo su sobaco el mismísimo Aristóteles, quien aconsejó al pinche Alejandro Mango “trata a los griegos como amigos y familiares, y a los bárbaros como a animales y plantas”; por eso lo halló mandando a un tal Filotas a que se lanzara por las guamas sin clavarse el vuelto, como si fuera su carnalillo, mientras recogía las cacas de un esclavo en su mansión de Babilonia.

           La historia no es justa, pues. Déjenme hacerle justicia a un carnal, que como único legado nos dejó una paradoja que se convertiría en una expresión coloquial muy común. Llamábase Empínocles. Su padre fue un carnicero transa que cuando le pedías veinte pesos de chistorra los ponía en la balanza y te salía con la clásica mamada de “se pasó con diez, amigo, ¿no le hace? -de ahí la expresión “pasarse de verga”. Cuenta una anécdota que Zenón de Elea invitó a su cantón a varios filosos, como ellos mismos se decían de cariño, entre los que figuraba el mentado Empínocles. Ese día se discutían temas elevados y profundos, como por ejemplo: ¿por qué la imagen es cuadrada si el lente de la cámara es redondo?, ¿por qué las tortillas son más amarillas entre más cal les echen y más blancas entre más maíz tengan?; ¿Por qué se le dice “trono” a la taza del baño?, ¿será porque por entonces, igual que ahoy, era un lujo de reyes no tener que hacer de aguilita entre el zacate?; pero sobre todo, ¿qué es mejor, una nalgona despechugada o una pechugona desnalgada?” Pues sepan, estudiambres, que nuestros arcaicos maestros ya habían advertido que nuestro Padre a veces no le atina a la proporción del barro al amasar a la mujer. Claro que lo de ellos lo de ellos no eran las viejas. Las montaban porque no había de otra para procrear soldados y nomás se fijaban en el cuerpo femenino pa´ dos cosas: para hacer maniquíes de mármol, a los que ahora les dicen esculturas, y para criticarlo en sus comidillas. ¡Porque a ellos les gustaban los hombres, chingao! 

          El asunto es que en esta reunión enunció Zenón aquello que reza: “ser naco es ser chido, ergo es chido ser naco”. Pa que wachen, lo adelantados que estaban. Ellos te manejaban el latín porque podían prever qué lengua se impondría. Total, que todos aplaudían a las palabras de Zenón, excepto Empínocles que meditaba sabiamente: “ssschiale, si las ocurrencias de este güey se les hacen la gran verija, ¿por qué he de quedarme yo atrás?” Ni tardo ni perezoso se levantó de su asiento e hizo sonar su copa como si fuera a hacer un brindis por la quinciañera. Cuando tuvo la atención general puso cara de concentración. Todos estaban expectantes por lo que emitiría, y lo que emitió, inclinándose de ladito, fue la ventosidad más aguda, prolongada y escalada que alguien se hubiera atrevido a soltar en un banquete. Algunos dijeron que sonó como si un gato se desinflara, otros más elocuentes dijeron que se le salió un pedacito de psyche; pero todos coinciden en que, siendo pedo de filósofo, sonó a interrogación. Imaginen el bochorno y la confusión de aquellos sabios maestros. En medio de su aturdimiento se pusieron a buscar alguna frase chingona para hacer frente con ingenio a las marranadas de aquel cabrón, pues ninguno olvidó que la historia estaba tomando nota. Pero lo mejor con que pudo salir uno de ellos en ese momento, con el cerebro embotado y la nariz arrugada, fue: “¿te echaste uno?” Lo que equivale a preguntarle al recién llegado “¿ya llegastes?” No obstante, aún se debate sobre la auténtica intención de esta pregunta. Pues bien pudo ser que inquiriera “¿fue sólo uno, o una sucesión de ellos magistralmente ligados como notas musicales?” Empínocles se explicó entonces: 
          “No se sientan agraviados, queridos hermanos. Este airecillo del dios Flatos lo he dejado ir para comprobar si me pertenecía. Pero dado que no volvió a mí, mío no es. Quizá se lo aventó Empédocles” 
          Al momento se pusieron todos de pie para rendirle pleitesía y reconocerlo como sabio chingón, doctor honoris causa, se lumen proferre, y cuanta mamada rimbombante en latín se les vino a la mente. Y así, desde entonces, cuando alguien quiere desligarse de alguna bronca nomás dice “ese no es mi pedo”. 

      Mas no fue éste el único legado del buen Empínocles. Incidentalmente sentó el precedente del estereotipo del genio incomprendido. O sea que cada vez que algún pinche loco se orina en una mesa, rompe algo en casa ajena o hace cualquier tipo de desmadre y alguien dice “pinche loco” hay otro que responde “no, no entiendes, ¡él es un genio!, un artista radical y atormentado; nuestras acartonadas normas sociales no encajan en sus complejos esquemas de pensamiento, se supone que haga chingaderas…” Al menos en nuestro hemisferio occidental, claro está. Los “bárbaros” no la hacían tanto de emoción. Cuentan que en Córdoba, Veracruz, el célebre filósofo médico matemático astrónomo químico biólogo parasitólogo árabe Amar Mahamar -castellanizado como Avorazado-, fumaba shisha en compañía de sus contertulios cuando se sorrajó uno que sonó a derrumbe. "Al derrumbe de la poca vergüenza y los más elementales modales", refirió en sus memorias uno de los agraviados. Ante la contrariedad de los presentes, aquél sólo dijo: “sorry, creí que no se escucharía. Ji. ji”. 

      Y hablando de pinches locos, vamos a saltarnos algunos siglos en la historia de la filosofía, pasando sobre la receta del maimón de Maimónides y las monadas de Leibniz. Les hablaré de alguien conocido en el bajo mundo de la filosofía como Niche. Éste fue otro de esos genios controversiales que hubieran subido el rating de un talk show porque desde puberto era problemático el cabrón. Se matriculó en pomología y se salió cuando descubrió que nada tenía que ver el estudio del pomo. Intelectuales de todas la épocas se han visto divididos en torno a la polémica que su pensamiento causó: algunos dicen que fue el último gran pensador; otros, que era un pobre pendejo, como él mismo lo reconoció . El asunto es que dedicó su vida a escribir pendejadas en vez de hacerlas. Y no hablo de defender a un pinche caballo ni a salir a la calle en plena luz del día con una lámpara encendida, imitando al pinche Diógenes en su pregón de “ando en busca de un hombre”; costumbrita que se le acabó, por cierto, cuando un día le cayó Oscar Wilde así de “¡ay, ya somos dos!” 

       Seguidor de Schupenberguen, el Niche fue uno de esos pensadores, como Erasmo Catarino de Rotterdam, que usó su inteligencia y erudicción para autocompadecerse y llorar como nena porque el mundo estaba como sigue estando. Pero también fue generoso y muy altruista, así que tuvo la gentileza de legarnos sus grandes ideas en libros como “Eshe homie” y “¡Zarathustra habla aaaaaaaasííííííí´!”. También se sabe que dejó unas memorias inconclusas sobre su vida sexual que titularía “Sin novedad en el frente”. Una vez se pasó de veras en una entrevista donde, nomás por quedar bien con la periodista, dijo que él era más importante para los jóvenes que John Lennon. Esto fue antes de decir que el Rock estaba muerto. Cuentan que el origen de esta sentencia se originó una noche en que salió de juerga con el Wagner, su milky brother. Salían los dos de un congal donde las rolas estaban a diez pesos y la cubeta a doscientos con un privado de cortesía. El Wagner, al ver el estado del otro le dijo: “tás bien destruido, ca’ón, dame las riendas, yo manejo”. Y el pinche Niche rejego: “¡nicht!” Y el Wagner, no lo conociera, mejor pa’ no discutir le cedió el lugar en el pescante. “Igual y con el airecito se espabila”, pensó el alma de Dios. Pero el Niche venía inspirado por el alcohol y de pronto le salió al Wagner con una de sus ideas: “hay que llevarle serenata a mi prima, la Jenny”. Ante la negativa del Richard no pararon de alegar en todo el camino, forcejeando con las riendas. ¿Resultado? Ahí está el coche embarrado en una glorieta, los caballos desbocados y el Wagner cagando al Niche mientras éste guacareaba en un pirul: “¡hijo de la chingada… te dije que estabas hasta el culo…!” El otro disculpándose entre guacareada y guacareada: “perdón, we… eh, we, eh, ¿me perdonas, we?” Y el Wagner “¡no, que perdón ni que mis aguacates, ira nomás… el pinche carruaje… y la pinche trulla!” Y que la pinche tenencia, que dizque ya no iba a cobrarse… pero le subieron al control vehicular pa’ compensar… y sabe qué tanto rezongaba el Richi. Pero ora que me acuerdo, a estos batos les daba por hablar inglés gabacho cuando andaban briagos, igual a los deportados de Los Ángeles que regresan hablando como si todavía anduvieran con su pandilla de hood. Total, imagínensen al Wagner bien emputado y así de “ you crazy cocksucka moda foca, what´s wrong with ya, fool?” Y el Niche así de “chill out, broda; just relax, jou; everything cool”. “Don´t fucking tell me to chill out, nigga; you fucking superweirdo!” “Wooh, wooh, wooh! Don´t fuck me with that shit, dog. I warn ya. Just be cool, all right?” “Don´t fuckin ‘wooh, wooh’ me, jou…!” Pa’ acabar pronto, se estuvieron diciendo de mariconadas al más puro estilo de Holywood, repitiendo las mismas tarugadas que llenan el repertorio de vigas gabachas. Y en eso que les cae el tránsato y los estatales. El Wagner, acá a la discreta, le dijo al tamarindo: “la neta, mi poli, arréglese con él; yo le dije que no manejara pero estuvo mame y mame…” Leal y nada rajón el Wagner. Pero cuando les aplicaron el alcoholímetro el que salió ganador, o sea el de mayor puntaje, fue el pinche Wagner. “¿Cómo vergas?”, se preguntó, sintiéndola adentro. “Si el que viene cayéndose de pedo es Niche”. Pero sepan ustedes que éste era pedo de mecha corta. Por la tarde se había tomado un rompope que en la noche se le cruzó con un sorbito de calimocho. Ante la evidencia, el transi le preguntó: “usted que ha bebido menos que este pinche borracho dígame ¿quién le dio tequila San Matías a los caballos que se quedaron ciegos?” Y Niche y su dedote acusador: “¡ese puto!” -o sea Wagner. Y que me lo trepan a la julia, o sea la carroza municipal. Saldo de esa noche: alármala de tos o tribunazo, como dicen en Aguascalientes, y el encabezado IBAN HECHOS LA CABALGATA DE LAS VALQUIRIAS; sabadazo en el Torito pa’l Wagner y corralón pa su carruaje. Aparte, los caballos le costaron un güevo de la cara porque nomás los llevó a que les cambiaran los ojos pero el pinche mecánico acomedido les puso herraduras cromadas y radiador nuevo. “¿Pero pa’ qué fregados radiador si nunca han usado?” “Por eso, mein valedor, ora ya tienen (silbidito)”. No, no, no, no, no. Pa qué les digo que el Wagner no le volvió a hablar a aquél en lo que le restó de vida.

       Si lo pesamos mejor, fue mejor que el Niche se limitara a escribir y a sentar uno de los cimientos del nazismo -ya fuera con o sin la ayuda de su carnala. Porque si actuaba acorde a sus ideas, capaz que alguien, aparte de Hitler, lo usaba para crear algo todavía peor: como el cristianismo. Cabe, pues, la posibilidad de que Niche no estuviera tan güey como parecía y previó aquello al recordar lo que, según él, le pasó a Jesucristo: que el oportunista ese, el de la Risa en Vacaciones, lo usó como mártir de su causa nacionalista y así fundó la religión cristiana. 

      Con esto concluimos, pinches goliardos. Y para los que me piden que discutamos a Ortega y Gasset: vayan ustedes a hablar de reguetoneros a la hora del recreo... A ver, Avendaño, comparta sus cuchicheos con el resto del grupo. Han de estar más interesantes que mi pinche clase. ¿Andan con sus jetas porque los reprobé? ¿Y por qué creen que los reprobé? ¿Se creen que es por venganza? ¿Creen que cuando los repruebo me vengo? Acúsenme con el rector. Convoquen a junta de padres. ¿De qué me van a acusar? ¿De venir a cumplir aunque venga… indispuesto? ¡Que quede claro que no estoy pedo! Soy un niño.

Desengaño

Nada más fácil para enamorar a alguien que haber sufrido mucho o, al menos, aparentarlo. Solemos confundir el amor con la caridad. Sólo debe...