jueves, 18 de junio de 2020

De La Tradición Humana


Con el auge de los patronímicos y su relevancia social, las vírgenes se resistían a la fogosidad de sus pretendientes argumentando: 
-Si me posees sin que mi padre te lo permita antes, sería como si lo estuvieras poseyendo a él también, así como al resto de mi familia. Y tú no quieres eso, ¿verdad?      
Cedía el varón si conocía y estimaba al jefe de familia. En rarísimas ocasiones ocurría que él mismo contuviera su deseo y diera sus razones:                             
-Si hacemos esto sin que tu padre me dé su consentimiento, sentiría que me lo estoy tirando a él y al resto de tu familia. Y eso no se me antoja.
Pero comúnmente, tal perspectiva no sólo era inútil para disuadir al amante, sino que hasta avivaba su espíritu de aventura:
-¡A güevo! ¡Se la estoy dejando a caer a ese pinche viejo mamón! ¡Voy a hacer que chilles como tu jefa, y luego voy a hacer que tu carnala me la…!
Se optó por un convenio: quedó instaurado que sólo prestando su apellido el interesado y comprometiéndose a la manutención vitalicia de la mujer deseada, pasaría ésta a ser de su propiedad y no ya de la familia,con cuya venía podría él hacer uso de ella cuantas veces quisiera -o lo quisiera ella. Desde entonces, la vieja moral desacredita  las relaciones sexuales premaritales.

Desengaño

Nada más fácil para enamorar a alguien que haber sufrido mucho o, al menos, aparentarlo. Solemos confundir el amor con la caridad. Sólo debe...