domingo, 27 de septiembre de 2020

 Un cartero descalzo cruzó una cordillera con una talega de mil monedas de oro. Por tres razones el gobierno de su provincia le encomendó llevar el tributo anual al monarca: siendo hombre sin ambiciones, nada tomaría para sí y ningún salteador lo creería poseedor de algo más que simples misivas. Cuando llegó a la corte hizo entrega del tributo al monarca mismo y éste, a su tesorero.  

  -Mil monedas -confirmó.

 El monarca quedó satisfecho y mandó colgar al cartero, seguro de que algo había guardado para sí en el camino y de que había que aceptar la pérdida pues era irrecuperable. Este juicio atemperado y aplaudido por sus súbditos fue la tercera razón por la que se eligió al cartero: se le pagaba con lo descontado al tributo de mil y un monedas, estipulado por el monarca en un arrebato de sabiduría y su profundo conocimiento del pensar y actuar humanos.

Desengaño

Nada más fácil para enamorar a alguien que haber sufrido mucho o, al menos, aparentarlo. Solemos confundir el amor con la caridad. Sólo debe...