martes, 7 de julio de 2020

Dos restaurantes (el mismo)


Fui al Restaurante Kafka. El servicio es excelente. Te atienden como si fueras importante. Te repiten que están para servirte y te prometen toda clase de manjares. Pero nunca te sirven más que pan y sólo te alimentan de esperanza. Saben cómo mantener vivo a un hombre. 
Una familia emprendió la apertura de un restaurante que nombrarían El Progreso. Construyeron su local con sus propias manos y con herramientas de su propia hechura. Con madera de abeto erigieron la estructura y usaron madera de arce para el piso y las puertas. Prepararon argamasa y fijaron los ladrillos cocidos en sus propios hornos. Extrajeron cobre, fabricaron las tuberías y el cableado eléctrico. Revistieron las paredes y el techo con madera de alerce y usaron madera de cerezo para las escaleras y los gabinetes de la cocina, cuyos cerrojos y bisagras eran de bronce salido de su propia fundidora al igual que el acero inoxidable para los enseres de corte y cocción. En sus talleres procesaron la arcilla y la arena para producir, respectivamente, la loza y el vidrio con que fabricaron la vajilla y la cubertería. Con madera de fresno construyeron los muebles. Tapizaron los sillones con cuero de animales cazados por ellos mismos. Con almajo recolectado por los pequeños, hicieron los jabones y el vidrio para embotellar el producto de sus viñedos, previamente añejado entre las duelas de roble. Las hilanderas de la familia tejieron las cortinas, las alfombras, las servilletas y hasta trapos de cocina con lana y fibras vegetales procesadas por los varones, quienes se encargaron de los menús. Con palisandro y palo de rosa hicieron tablas de quesos, cajas de puros, pipas, juegos de ajedrez, y hasta instrumentos de cuerda para interpretar música de su propia inspiración ante los comensales. Con piedra de cantera  circundaron un jardín sembrado de naranjos olorosos a azahares. Finalmente procedieron a la horticultura, la apicultura,  el cultivo de cafetos, cebada y lúpulo y la cría de ganado productor de carne y leche. Listos los suministros de alimentos, anunciaron la gran apertura. Pero no sabían cocinar. El negocio quebró.  



Desengaño

Nada más fácil para enamorar a alguien que haber sufrido mucho o, al menos, aparentarlo. Solemos confundir el amor con la caridad. Sólo debe...