Hubo un artista dotado para inventar títulos de obras no realizadas.
Podían ser novelas -Nadie nos Mira desde el Cielo, Los Matachines Ensayan en Domingo-, relatos breves -Cuentos que Caben en un Grano de Arroz- poemarios -Paisaje Íntimo, Desvelario-, poesía contestataria -La Letanía de las Hachas, Esa Lluvia que Suena a Responso-, libros juveniles -El club de los Alacranes-, poemas y relatos de libros de texto de primaria -Ojalá se Nuble la Tarde, El Mago Malabares-, Teatro español del Siglo de Oro -La Mujer del Aspaventero-, autobiografías -Mi Corazón por Escrito, Silueta de mi Alma-, biografías de filósofos inexistentes -Vida de Abulandro- libros de autoayuda -Eres la Persona más Exasperante del Mundo y te Amo-, libros feministas -¡Las mujeres a la cocina... de los restaurantes!- leyendas de ultratumba -El Enamorado de la Muerte-, compilaciones inútiles -Diccionario de Epígrafes-, libros de aforismos -La Humanidad a Ratos-, memorias de exiliados políticos -La Sal del Tiempo en la Herida, Zurcir la Bandera-, ensayos fallidos -La Coquetería en la Época Victoriana, El Anacronismo como Recurso Cómico, Sexo:¿Teoría o Práctica?-, Casas editoriales -Editorial Parteluz, Editorial Patio de Tierra, Editorial Sepa-rador-, colecciones de libros esotéricos -El Loco en el Jardín, La Biblioteca de Luzbel, El Jardín del Sabio-, y hasta frases emblemáticas -"La guerra libera a las fieras".
También incursionó en las artes plásticas intitulando óleos de pintores pobres -Gato gris sobre la estufa- y de algún pintor de escenas cotidianas que se volverían románticas por ser inhabituales -Hombre usando el teléfono público, Mujer sacándole las botas a un ebrio en la cama, Anciana en una silla esperando, papel de baño en mano, al nieto en la bacinica-; también exhibiciones de escultura moderna -El Instante Perpetuo-, al igual que fotografía urbana en blanco y negro -¡Hay camotes!-, éxitos de música tropical -Quítate la minifalda, Agustina-, comedias románticas insulsas -¡Qué bonito duele el amor!-, películas de acción -Muerte Total- e incluso frases para héroes de acción -¡Let's dance, bitches!-. Quiso incursionar en los hashtags -#juntosperoseparados-, aunque no se le daban muy bien.
Algunos críticos lo elogiaron como "un revolucionario del eclecticismo", mientras que sus más acérrimos detractores parodiaron su obra apodándolo La Gallina que Ponía Cascarones y lo tildaron de "pseudo creador", lo cual lo motivó a inventar pseudónimos -Juan Pérez-. Alguien sostuvo en su defensa que algunos de sus títulos literarios eran una obra acabada en sí, pero otro argumentó que esos mismos títulos hacían predecible la futura obra -El dios que se convirtió en insecto para probar la caridad humana y fue aplastado-.
En las postrimerías de su carrera tuvo una crisis existencial y tocó fondo al realizar un slogan publicitario para una empresa trasnacional -true men drink beer-; por lo que se propuso realizar algo de "trascendencia social": lemas subversivos -¡podrán matar a un mortal, pero no a un inmortal!-. Su última creación fue para una profecía y no para algo que nunca ocurrió, como el resto de sus obras -El país quebrantado que se volvió invisible.