sábado, 30 de enero de 2021

Despedida

El recuerdo del pasado viene a mi mente con frecuencia. A menudo veo unos ojos tristes y solitarios que se miran fijamente en un pequeño espejo. Es extraño que comience a llover. El repiqueteo de las gotas en la ventana aparta los embelesados ojos de su imagen taciturna y los dirige hacia la ventana, pero la ventana está rota, y las delgadas gotas que caen apenas como una brizna ligera, mojan aquellos ojos tristes, que ahora miran su reflejo en las nubes grises del cielo. 
La luz blanquecina que entra por la ventana se va apagando gradualmente, sólo deja sombras, luego nada. Y así, junto con ella el tiempo pasa, se va con la última luz del día, y no vuelve. 
Aquellos ojos, sí, aquellos ojos cansados, no pueden ver a lo lejos y se esfuerzan constantemente por aferrarse a una luz que se agota, y se sume en una oscuridad profunda. 
Cierro mis ojos para no recordar más, aparto mi rostro para que tus ojos me abandonen, pero es inútil. 
Vuelvo cada noche a esa ventana rota, a esos vidrios mojados por la lluvia y por tu esencia, a esas manos pálidas que intentaban con todas sus fuerzas aferrarse al sonido de las aves y escapar. 
Es una lástima que la ventana se haya roto. Ahora la lluvia nunca se detiene y tus ojos siempre me persiguen.  




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