Vacacionando en la playa, de noche, tumbado sobre la arena fría; entre turistas nocturnos, como yo. Sentado a la mesa de cafés nocturnos al aire libre, mirando las calles de escasos paseantes. Haciendo las compras con toda calma, en pasillos de supermercado despejados, casi solitarios, a altas horas de la noche. Paseando al perro por parques y avenidas, con tramos iluminados aquí y allá por farolas antiguas y modernas. En mi casa, de madrugada, mirando televisión, escuchando la radio, usando la computadora o el teléfono para videollamar a los pocos amigos que siguen despiertos. Cocinando, haciendo la limpieza no por necesidad sino por llenar de actividad el silencio de las horas desocupadas, oscuras profundamente. No por necesidad.
En la noche de mi vida.