jueves, 22 de abril de 2021

Acto sin fin

    Una institución misteriosa publicó una convocatoria animando a la gente a mandar sus fantasías sexuales por escrito para elegir la más emocionante y hacerla  realidad.

    Llovieron correos con lo más inimaginable: 

    Sexo bajo un avispero, en la montaña rusa, al borde de un volcán activo, bajo la aurora boreal, en ruinas y monumentos históricos, en hoteles de hielo, en domos ultramarinos, en caserones embrujados e intestados, en un féretro bajo tierra, en una fiesta de disfraces swinger, en el ojo de un huracán, en una camioneta huyendo de un tornado, en un auto convertible en caída libre, en una biblioteca en llamas, en una jaula de tigres, en una mansarda mirando las estrellas. Alguien quería sexo en la hojarasca de otoño bajo un cielo nublado con acompañamiento de un cuarteto de cuerdas. Otro, sexo sobre un guayabo.

    Una mujer quería una orgía en una piscina llena de zapatos. Hubo quien quería sexo en una taza de baño en medio de un escenario con un auditorio compuesto por sus exparejas; otro, en un plato gigante de cereal con plátano; muchos querían sexo en paracaídas entre fuegos artificiales y televisado en cadena mundial; en gravedad cero, en un satélite artificial, en un crucero intergaláctico; algunos sólo querían transmitir sus gemidos y obscenidades por la radio nacional al mediodía. Alguien quería recibir clases de baile de una instructora que sólo vistiera tacones y una mascada púrpura. 

    Varios querían sexo con celebridades: políticos, magnates, artistas, deportistas y asesinos seriales. Otros querían copular con amputados, comatosos y moribundos; en sanatorios mentales, centros geriátricos y morgues. Muchos querían sexo con personajes de comics y videojuegos; otros, con seres mitológicos, plantas ponzoñosas y animales de la criptozoología. Un poeta quería que violaran su corazón; otro, quería violar a la luna llena. Un hombre acaudalado con una enfermedad terminal y sin herederos, quería que una pareja de ninfómanas tuviera sexo sobre su tumba. Un empleado pobre quería humillar mujeres de soberbia belleza hasta las lágrimas.

    Había hombres que querían fornicar con mujeres vestidas de novias, otros querían ser desnudados y golpeados por adolescentes vestidos, había mujeres que querían ser poseídas por obreros malolientes y rudos,  banqueros y prestamistas que querían sodomizar a sus deudores. Alguien quería ver a una mujer mimo simulando un strip tease; otro, sexo sobre una araña de luces pendiendo sobre familiares y amigos en medio de una cena de gala. Hubo quien quería ser crucificado por gente desnuda y rasurada. Algunos querían ser encogidos por un rayo empequeñecedor y copular con los anticuerpos de sus amantes. Alguien quería recibir sexo oral de una sirena mientras escribía en un blog de escritores amateurs. Muchos querían sexo sin condón en la oficina. La mayoría sólo quería sexo.

    Finalmente resultó que la convocatoria era falsa y se trataba de alguien que quería ideas para un escrito. Pero todos recibieron una nota:

      "No eres diferente. Hay muchos como tú: gente que sólo desea estupideces".



Desengaño

Nada más fácil para enamorar a alguien que haber sufrido mucho o, al menos, aparentarlo. Solemos confundir el amor con la caridad. Sólo debe...