jueves, 31 de diciembre de 2020

 Un joven aldeano, fuerte, intrépido, fue comisionado por una comunidad de colonos a internarse en un bosque vecino y dar con la cabaña -o cueva- de la bruja que aterrorizaba a los niños y hombres que hallaba solos en el campo. Durante una semana llenaron su ausencia los llantos femeninos y las recriminaciones que se hacían rudos varones, buscándolo, incansables y deseando haber partido en su lugar.

El regocijo de la pequeña comunidad fue doble cuando, extenuado y consumido, volvió aquél anunciando el fin absoluto de la maldición que los ensombrecía. Retirándose a descansar para reponer sus fuerzas, nadie se atrevió a importunarlo pidiéndole detalles

   No había acabado aún la estación de siembra, cuando una horda de chiquillos regresó del bosque arrastrando una joven mujer herida a golpes e insultos   -La vieja bruja se ha rejuvenecido por arte de maleficio!

          El muchacho fue arrastrado fuera de su lecho para rendir cuentas ante un tribunal extraordinario sobre lo ocurrido durante aquella semana. 

Contó cómo halló la guarida de la bruja, diestramente tallada en la oscura oquedad de un gigantesco árbol muerto. La ausencia de la moradora y su curiosidad juvenil lo llevaron a husmear hasta reparar en un gabinete digno del mejor ebanista. Abiertas sus dos hojas de par en par, retrocedió azorado ante lo que se derramaba a sus pies: más trabajo en madera, amoroso, compulsivo, desesperado: falos. Falos ciclópeos o pequeños como plátanos dominicos, cabezones como hongos o enanos ensombrerados, esbeltos y rectos como husos o dedos categóricos, curvos a diestra o siniestra, venosos o tersos, incluso los había bicéfalos como dragones o guitarras extravagantes; todos acompañados por sus gónadas, macizas como un firme asidero para la misma mano talladora. Con la resaca de la sorpresa vino una oleada de compasión. Se hallaba ante la inmemorial soledad de una mujer.

-¡¿Qué hicieron ustedes dos durante esa semana?! -tronó el juez, imaginando lo peor.     

 Interrogados por separado, ambos omitieron los detalles; limitándose a denominarse mutuamente con la misma palabra.         -Si en verdad eres un ángel, como afirma tu cómplice -dijo el juez-, no sufrirás en el fuego del infierno.                                                                                                                                                                                                                                        


domingo, 27 de diciembre de 2020

La hora amarga

Silencio.
Viene la mala noticia
y debo abrirle la puerta:
soy el anfitrión.

Estoy preparado:
No he llorado
en casi tres meses
y cuando lo hice
fueron ensayos
para este día,
un llanto que no evocó
ningún recuerdo tuyo,
un llanto educado,
medido,
inservible.

Viene la hora amarga.
Silencio.

Ya está aquí,
en el no tocar a la puerta
que abro
para dar la bienvenida
a tu no llegada. 

viernes, 25 de diciembre de 2020

Segmentos

A) Tomas la llave. B) Cierras la puerta.

A) Dejas tu casa. B) Llegas al mercado.

A)Se te cae un billete B) Recoges el billete.

A) Piensas en lo que harás al volver a casa. B) Te estrellas contra otro vehículo.

A) Pactas con el diablo B) Pagas tu deuda.

A) Naces B) Mueres.

Los segmentos entre dos puntos varían en longitud pero se nos pasan desapercibidos, como si estuvieran vacíos. 


lunes, 21 de diciembre de 2020

He soñado un sueño,
de esos que son tan cortos. 
He visto visiones sublimes 
en los espacios ocultos 
de mi mente. 
Pero el recuerdo de aquel sueño 
se apagó en un instante. 
Se apagó cuando abrí mis ojos, 
cuando mi consciencia regresó.
¡Ah! Fatal destino, 
que eres tan incierto. 
Ni aún en sueños logro descifrar
tus motivos. 
Oh, sombra maldita
de mi futuro,
de mi escaso porvenir;
ni aún cuando todo es oscuro 
me dejas en paz dormir. 

miércoles, 16 de diciembre de 2020

Tengo un pensamiento tímido en mi mente
se oculta por los rincones
en las oscuras habitaciones de mis recuerdos,
sale al anochecer
en los escasos minutos que miro al techo.
Hace ya mucho tiempo que noto las fisuras,
los espacios por donde el amor se escapa y la tristeza aflora.
Lágrimas salen a borbotones
quemando mi rostro contraído.
Mi alma se quiebra un poco
intento llenar el vacío.
Me voy quedando dormida

despierto a ratos

en mis sueños

cuando comienzo a sentir. 

sábado, 12 de diciembre de 2020

La silla incómoda

Escribo poco
porque me duele la espalda
pero nunca escribo
de mi espalda o de la silla
sino de la luna,
de la noche y de los grillos,
de dios y las hormigas,
de un dolor que invento o que recuerdo
que me vuelve más humano,
más sincero,
más agradecido con las sillas.

Tampoco escribo
de las uñas de los dedos de mis pies,
del papel higiénico
o acostado.

Desengaño

Nada más fácil para enamorar a alguien que haber sufrido mucho o, al menos, aparentarlo. Solemos confundir el amor con la caridad. Sólo debe...