Olvidé mi nombre anoche,
también olvidé mi vida.
Desperté pensando
que ya todo había pasado.
Los días transcurren lentos.
Son solitarios,
agrestes y muy confusos.
Antes la soledad me sentaba bien,
hoy ya no sé.
Siempre miro al espejo
para no olvidarme,
ya todos lo hicieron,
procuro no hacerlo también.
Todos dicen tantas cosas,
pero aquí solo escucho murmullos,
aquí todo está en silencio.
En la oscuridad de estás paredes,
donde ni la luna asoma su rostro,
sigo escuchando.
Mis ojos pueden haber muerto,
pero mis oídos oyen,
y escuchan toda clase de cosas
menos la verdad.
Ahora sólo veo
una silueta negra frente al espejo,
pronto ya no me recordaré.
Me quedé sola
para mantener la cordura,
porque todo allá afuera
parecía tan vano, tan falso.
Al parecer no funcionó.
No podía escapar de mi misma,
y mis pensamientos
fueron mi perdición.