Silencio.
Viene la mala noticia
y debo abrirle la puerta:
soy el anfitrión.
Viene la mala noticia
y debo abrirle la puerta:
soy el anfitrión.
Estoy preparado:
No he llorado
en casi tres meses
y cuando lo hice
fueron ensayos
para este día,
un llanto que no evocó
ningún recuerdo tuyo,
un llanto educado,
medido,
inservible.
Viene la hora amarga.
Silencio.
Ya está aquí,
en el no tocar a la puerta
que abro
para dar la bienvenida
a tu no llegada.
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