viernes, 25 de diciembre de 2020

Segmentos

A) Tomas la llave. B) Cierras la puerta.

A) Dejas tu casa. B) Llegas al mercado.

A)Se te cae un billete B) Recoges el billete.

A) Piensas en lo que harás al volver a casa. B) Te estrellas contra otro vehículo.

A) Pactas con el diablo B) Pagas tu deuda.

A) Naces B) Mueres.

Los segmentos entre dos puntos varían en longitud pero se nos pasan desapercibidos, como si estuvieran vacíos. 


lunes, 21 de diciembre de 2020

He soñado un sueño,
de esos que son tan cortos. 
He visto visiones sublimes 
en los espacios ocultos 
de mi mente. 
Pero el recuerdo de aquel sueño 
se apagó en un instante. 
Se apagó cuando abrí mis ojos, 
cuando mi consciencia regresó.
¡Ah! Fatal destino, 
que eres tan incierto. 
Ni aún en sueños logro descifrar
tus motivos. 
Oh, sombra maldita
de mi futuro,
de mi escaso porvenir;
ni aún cuando todo es oscuro 
me dejas en paz dormir. 

miércoles, 16 de diciembre de 2020

Tengo un pensamiento tímido en mi mente
se oculta por los rincones
en las oscuras habitaciones de mis recuerdos,
sale al anochecer
en los escasos minutos que miro al techo.
Hace ya mucho tiempo que noto las fisuras,
los espacios por donde el amor se escapa y la tristeza aflora.
Lágrimas salen a borbotones
quemando mi rostro contraído.
Mi alma se quiebra un poco
intento llenar el vacío.
Me voy quedando dormida

despierto a ratos

en mis sueños

cuando comienzo a sentir. 

sábado, 12 de diciembre de 2020

La silla incómoda

Escribo poco
porque me duele la espalda
pero nunca escribo
de mi espalda o de la silla
sino de la luna,
de la noche y de los grillos,
de dios y las hormigas,
de un dolor que invento o que recuerdo
que me vuelve más humano,
más sincero,
más agradecido con las sillas.

Tampoco escribo
de las uñas de los dedos de mis pies,
del papel higiénico
o acostado.

lunes, 16 de noviembre de 2020

Vacacionando en la playa, de noche, tumbado sobre la arena fría; entre turistas nocturnos, como yo. Sentado a la mesa de cafés nocturnos al aire libre, mirando las calles de escasos paseantes. Haciendo las compras con toda calma, en pasillos de supermercado despejados, casi solitarios, a altas horas de la noche. Paseando al perro por parques y avenidas, con tramos iluminados aquí y allá por farolas antiguas y modernas. En mi casa, de madrugada, mirando televisión, escuchando la radio, usando la computadora o el teléfono para videollamar a los pocos amigos que siguen despiertos. Cocinando, haciendo la limpieza no por necesidad sino por llenar de actividad el silencio de las horas desocupadas, oscuras profundamente. No por necesidad.

                                                                             En la noche de mi vida.

 

domingo, 27 de septiembre de 2020

 Un cartero descalzo cruzó una cordillera con una talega de mil monedas de oro. Por tres razones el gobierno de su provincia le encomendó llevar el tributo anual al monarca: siendo hombre sin ambiciones, nada tomaría para sí y ningún salteador lo creería poseedor de algo más que simples misivas. Cuando llegó a la corte hizo entrega del tributo al monarca mismo y éste, a su tesorero.  

  -Mil monedas -confirmó.

 El monarca quedó satisfecho y mandó colgar al cartero, seguro de que algo había guardado para sí en el camino y de que había que aceptar la pérdida pues era irrecuperable. Este juicio atemperado y aplaudido por sus súbditos fue la tercera razón por la que se eligió al cartero: se le pagaba con lo descontado al tributo de mil y un monedas, estipulado por el monarca en un arrebato de sabiduría y su profundo conocimiento del pensar y actuar humanos.

martes, 7 de julio de 2020

Dos restaurantes (el mismo)


Fui al Restaurante Kafka. El servicio es excelente. Te atienden como si fueras importante. Te repiten que están para servirte y te prometen toda clase de manjares. Pero nunca te sirven más que pan y sólo te alimentan de esperanza. Saben cómo mantener vivo a un hombre. 
Una familia emprendió la apertura de un restaurante que nombrarían El Progreso. Construyeron su local con sus propias manos y con herramientas de su propia hechura. Con madera de abeto erigieron la estructura y usaron madera de arce para el piso y las puertas. Prepararon argamasa y fijaron los ladrillos cocidos en sus propios hornos. Extrajeron cobre, fabricaron las tuberías y el cableado eléctrico. Revistieron las paredes y el techo con madera de alerce y usaron madera de cerezo para las escaleras y los gabinetes de la cocina, cuyos cerrojos y bisagras eran de bronce salido de su propia fundidora al igual que el acero inoxidable para los enseres de corte y cocción. En sus talleres procesaron la arcilla y la arena para producir, respectivamente, la loza y el vidrio con que fabricaron la vajilla y la cubertería. Con madera de fresno construyeron los muebles. Tapizaron los sillones con cuero de animales cazados por ellos mismos. Con almajo recolectado por los pequeños, hicieron los jabones y el vidrio para embotellar el producto de sus viñedos, previamente añejado entre las duelas de roble. Las hilanderas de la familia tejieron las cortinas, las alfombras, las servilletas y hasta trapos de cocina con lana y fibras vegetales procesadas por los varones, quienes se encargaron de los menús. Con palisandro y palo de rosa hicieron tablas de quesos, cajas de puros, pipas, juegos de ajedrez, y hasta instrumentos de cuerda para interpretar música de su propia inspiración ante los comensales. Con piedra de cantera  circundaron un jardín sembrado de naranjos olorosos a azahares. Finalmente procedieron a la horticultura, la apicultura,  el cultivo de cafetos, cebada y lúpulo y la cría de ganado productor de carne y leche. Listos los suministros de alimentos, anunciaron la gran apertura. Pero no sabían cocinar. El negocio quebró.  



Desengaño

Nada más fácil para enamorar a alguien que haber sufrido mucho o, al menos, aparentarlo. Solemos confundir el amor con la caridad. Sólo debe...