domingo, 25 de agosto de 2019

Mi celular, mi novia y mi automóvil.

Gracias a todos por haber venido. ¡Ejem! Permítanme contarles una historia. Ésta era una mujer muy ocupada. Tan ocupada que el día no le alcanzaba para sus múltiples ocupaciones. Por ello aprendió a realizar varias tareas a la vez: como comer mientras miraba videos o escuchaba audios en su teléfono, o platicar mientras enviaba o leía mensajes en su teléfono. Pero sobre todo, dominó la técnica de manejar la camioneta de sus padres mientras hacía uso de su teléfono. Los más allegados a  ella estaban asombrados con la destreza con que podía hacer esto.
“Es un don”, les decía ella con simplicidad.
Pero quiso el destino que una mañana se estrellara contra una glorieta por esquivar un automóvil que se detuvo de pronto en un semáforo en rojo, justo cuando ella enviaba un mensaje de voz. El volante el quebró el antebrazo derecho y su mano quedó inhabilitada. Pero no crean que por esto se resignó a pasar los siguientes días como una incapacitada. Cierto que su camioneta era standart, pero el automóvil de su prometido, su servidor… Discúlpenme... Perdón. El automóvil de su prometido era automático. Así, con los dedos libres de la férula braquiopalmar podía aún mover el volante mientras con la mano izquierda aprendió a manipular su teléfono, mismo que sobrevivió al accidente. Sus familiares y amigos no salían de su asombro, al igual que los otros conductores y algunos peatones.
Pero ya saben que el destino es inclemente. Un peatón cruzó la avenida cuando el semáforo seguía en amarillo mientras nuestra conductora aceleraba y veía que su prometido había dejado su último mensaje en “visto”. Ello viró bruscamente y se estrelló contra el costado de una combi. La trasladaron a urgencias, junto con siete pasajeros. Perdió la vista pero no enfrentó cargos porque el otro vehículo se hallaba detenido en una vuelta continua. Esto ocurrió tan sólo a dos días del primer choque. 
Mas su espíritu era inquebrantable. Aprendió a andar sola por la calle, con su bastón en la mano izquierda y su fiel teléfono acomodado en su hombro derecho. Como tras los gastos de la hospitalización y la terapia no podía costear un dispositivo especial para invidentes, y el único daño en su teléfono era la pantalla rota, descargó una app para invidentes. Así podía seguir haciendo uso de él cada vez que salía a pasear. 
Pasó el tiempo. Ella sufría de fuertes dolores pero aún podía trabajar. Su brazo sanó y recuperó la vista gracias a un trasplante de córnea en Cuba. Sus padres debieron hipotecar su casa para cubrir los gastos, pero había valido la pena. Ella volvió a ser la misma de antes. Podía manejar un vehículo standart y su viejo teléfono a la vez. Había desarrollado un vínculo con él. Durante sus momentos más difíciles, su teléfono estuvo con ella. Excepto, cuando la encarcelaron porque un conductor se rompió el cuello al salir disparado por el parabrisas al frenar para no atropellarla cuando cruzaba a media calle mirando un meme… que yo le envié... El hecho de que la víctima no estuviera usando el cinturón de seguridad fue un atenuante que redujo considerablemente su condena. Pero vivir apartada de su amigo fue demasiado para ella. Se suicidó al tercer día.



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