No había temor en el eremita.
Lo esperó sentado a que entrara.
Tenía un guijarro en la boca
Se lo escupió en la frente
Y lo dejó tendido boca arriba
Con una máscara de sangre.
Pero reía y su risa hablaba:
"Vuelve cuando seas uno".
Dejó los ojos abiertos
para salirse del cuerpo.
El cuerpo sufrió una simbiosis.
Del cadáver dos ancianos se alzaron.
El eremita huyó de su choza
Rompiendo sus cuatro puntales.
El techo se les vino encima
Su corazón se agitaba en su jaula.
La noche callaba, luctuosa.
Luego un murmullo de paja.
"Vuelve cuando seas uno".
Y cuatro hombres macizos
Se levantaron como pilares.
El eremita les arrojó su tea
Las vigas y la paja crujieron
Los cuatro huyeron del fuego
Y treparon a un árbol seco.
El humo lento los alcanzó
Cayeron como frutos
Entre los rescoldos.
No esperó a oír las voces.
Huyó a las espesuras
De las cenizas surgieron
Ocho jóvenes oscuros
"Si no he de herir la sangre
de estos ocho muchachos
menos habré de matar
A diez y seis niños"
Al final tuvo que ahogar
A treinta y seis bebés
Sólo para no dejárselos
Al mundo cruel, cruel.
"Cruel fui yo con él.
Vuelve cuando seas uno
Esto le dije solamente
Para no volverlo a ver
Ahora corre un arroyo
Llevando consigo
Innumerables
invisibles
Vidas
No hay comentarios.:
Publicar un comentario