martes, 16 de agosto de 2022

Uno

 No había temor en el eremita.

Lo esperó sentado a que entrara.

Tenía un guijarro en la boca

Se lo escupió en la frente 

Y lo dejó tendido boca arriba

Con una máscara de sangre.

Pero reía y su risa hablaba:

"Vuelve cuando seas uno".

Dejó los ojos abiertos

para salirse del cuerpo.


El cuerpo sufrió una simbiosis.

Del cadáver dos ancianos se alzaron.

El eremita huyó de su choza 

Rompiendo sus cuatro puntales.

El techo se les vino encima

Su corazón se agitaba en su jaula.

La noche callaba, luctuosa.


Luego un murmullo de paja.

"Vuelve cuando seas uno".

Y cuatro hombres macizos

Se levantaron como pilares.

El eremita les arrojó su tea

Las vigas y la paja crujieron

Los cuatro huyeron del fuego

Y treparon a un árbol seco. 

El  humo lento los alcanzó

Cayeron como frutos 

Entre los rescoldos. 


No esperó a oír las voces.

Huyó a las espesuras

De las cenizas surgieron

Ocho jóvenes oscuros

"Si no he de herir la sangre

de estos ocho muchachos

menos habré de  matar

A diez y seis niños"


Al final tuvo que ahogar 

A treinta y seis bebés

Sólo para no dejárselos

Al mundo cruel, cruel.

"Cruel fui yo con él.

Vuelve cuando seas uno

Esto le dije solamente

Para no volverlo a ver


Ahora corre un arroyo

Llevando consigo

Innumerables

invisibles 

Vidas



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