Un ciudadano entró a un banco y se dirigió a un empleado joven y pulcro:
-Dígame: ¿podrían hacerme un préstamo aunque no tenga dinero?
Para su sorpresa, el empleado contestó con una sonrisa:
-Sí.
El cliente estuvo seguro de que a continuación se le respondería con una negativa.
-Y ¿podría depositar aquí mis alimentos?
-Sí, claro -dijo aquél y el "claro" sonó luminoso.
Sin embargo, la desconfianza del hombre sólo se hizo más tensa -como en un ambiente kafkiano, pero sin no. De inmediato supo que había una explicación muy simple:
-¿Es esto un banco de comida?
-Sí, así es.
Comprendió que la respuesta sólo sería positiva de acuerdo a la formulación de su duda. De haber preguntado si estaba prohibido entrar con alimentos la respuesta habría sido "no".
-Si quiero, ¿puedo no pagar intereses por un préstamo en especie? -preguntó en vez de inquirir "¿debo pagar intereses por un préstamo en especie?
Solícito y ligero aquél dijo:
-Sí.
Esto aceleró su corazón. Empezaba a entrever las posibilidades y lo asaltó una súbita voracidad:
-¿Puedo obtener un crédito para alimentar a mi familia por un año sin dar fe de un ingreso fijo ni tener un aval?
-Sí, desde luego.
Tan fluida y acendrada naturalidad lo intrigaba. Recordó al cuervo de Poe y al Bartleby de Melville, con sus respectivos e incisivos "nunca más" y "preferiría no hacerlo". ¿Cómo un ave en un poema y un humilde escribiente son más inaccesibles que una institución bancaria -¡bancaria!- que franquea cada umbral con un "sí"? Y la razón relampagueó cegadora: este joven no representa las políticas de su compañía sino así mismo; en otras palabras, está loco.
-¿Está usted diciéndome la verdad?
-Sí.
La fácil respuesta le hizo ver la torpeza de su pregunta. Tenía que reformularla:
-¿Podría ver al gerente en este momento?
-Sí, por supuesto. Sígame.
Conducido a un despacho, dudaba si había imaginado esa extraña inflexión en la primer sílaba. Un cincuentón corpulento y de cabello entrecano se puso en pie tras su escritorio de caoba y le estrechó la mano con amplia cordialidad.
-Dígame:¿es posible depositar y retirar todo tipo de alimentos sin necesidad de papeleos?
-Sí, efectivamente.
Ahora comenzaba a sentir irritación en el cuello y las corvas. Creyó ser objeto de una burla, víctima de una futura estafa y decidió romper ya esa retahíla con un "no" garantizado.
-Y ¿si decidiera hacer un cuantioso retiro no para alimentar a mi familia sino para prestarlo a mis vecinos y ustedes se enteraran, podría no sólo salir libre de culpas sino incluso hacer otro retiro y cuántos más se me dieran la gana?
Concluyó casi sin aliento cuando oyó:
-Sí. Si así lo quiere.
Ahora el miedo comenzó a formársele en el estómago y a enfriarle las extremidades. Sintió un amago de transformarse en otra persona. Se vio tentado a convertirse en un monstruo financiero como éste en cuyas fauces olorosas a cedro se hallaba. La siguiente pregunta le tembló en la garganta:
-¿Es que nos hallamos en medio de una bestial guerra y el dinero se ha vuelto basura?
-Sí -sonrieron empleado y gerente.
-Entonces, ¿está permitido especular con la comida y el hambre de los pueblos?
-¡Sí!
Más asustado de sí mismo que de la respuesta, otra incertidumbre más lo hizo temblar desde el corazón:
-¿Tienen aquí.. carne humana?
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